Gandalf en Moria: la iniciación del shaman

Gandalf, el mago errante o Peregrino Gris, ha sido en más de una oportunidad motivo de análisis por ser uno de los cinco istari o sabios al que logramos comparar a los wanderers (Guachos, Brujos o Bodhisattvas) y del que también hablamos por sus trabajos como exorcista junto a Aragorn; en Cuentos inconclusos de Numenor y la Tierra Media, el profesor Tolkien nos informa:
Pero el último en llegar fue llamado entre los Elfos Mithrandir, el Peregrino Gris, porque no moraba en sitio alguno y no acumulaba riquezas ni tenía seguidores, sino que iba siempre de aquí para allá en las Tierras del Oeste, de Gondor a Angmar, y de Lindon a Lórien, trabando amistad con todos los pueblos en tiempos de necesidad. Cálido y vivaz era su espíritu (e intensificado por el anillo Narya), porque era el Enemigo de Sauron, oponiendo al fuego que devora y marchita, el fuego que anima y socorre en la desesperanza y la aflicción; pero su alegría y su rápida ira se ocultaban tras hábitos grises como la ceniza, de modo que sólo los que lo conocían bien alcanzaban a percibir la llama interior.
Solía mostrarse alegre y bondadoso con los jóvenes y los simples, pero también era rápido para la respuesta mordaz y la reprensión de los desatinos, pero no era orgulloso y no buscaba el poder ni la alabanza, y así, en todas partes lo querían todos los que a su vez no eran orgullosos. Casi siempre viajaba infatigable a pie, apoyándose en un cayado; y por ello era llamado entre los Hombres del Norte, Gandalf, «el Elfo de la Vara». Pues lo creían (erróneamente, como ya se dijo) de la especie élfica, porque obraba a veces maravillas, y estaba enamorado en especial de la belleza del fuego, y sin embargo, estas maravillas las obraba sobre todo por alegría y deleite, y no deseaba que nadie le tuviera un temor reverente o siguiera su consejo por miedo.
Pero hemos pasado por alto su proceso de iniaciación: su muerte en Moria; si nos retrotraemos a la aventura de El Hobbit, Gandalf aparece como un mago especializado en las artes del fuego, con una gran sabiduría y con un papel de consejero más no punitivo. Vemos que su arma, defensa y pasatiempo es el fuego: lo utiliza como herramienta para salir en más de un aprieto y más adelante, en el Señor de los Anillos, al elaborar sus artilugios de pirotecnia y como defensa ante los Nazgûl.

Sin embargo, esta herramienta no le sirve de nada cuando Saruman lo aisla en su Torre; debe confiar en las criaturas del aire para buscar auxilio. De alguna forma, el mago Gris sabe que ha de convertirse en Blanco, de otra forma la Guerra del Anillo fracasará. Este pensamiento lo cubre mientras sus pies lo acercan junto a la Compañía del Anillo a las Montañas; sabe que la metamorfosis requiere de un proceso incómodo, pero al que no se niega.

Las Puertas de Moria; diría Fulcanelli:
"La Naturaleza no abre a cualquiera
de manera indiscriminada la
Puerta de su Santuario"
El ojo entrenado habrá encontrado llamativamente esotérica la talla de las puertas de Moria; existen varias pistas sutiles que el profesor Tolkien ha deslizado cuando las describe: en primer lugar están guardadas por un monstruo mítico semejante al kraken, otra pista nos dice que brillan a la luz de la Luna al pronunciar una ristra de palabras olvidadas, la extraña forja y martillo quizá recuerde al artesano y más arriba, las siete estrellas, hacia donde conduce dicho arte.

Cuando Gandalf cruza el umbral y comienza la travesía en la oscuridad de Moria puede bien verse como un viaje iniciático; uno de veras especial: el del shamán. Es cierto entonces que Gandalf va camino a convertirse en lo que Saruman (Saru-man: el hombre santo) debería haber sido. ¿Es quizá la oscuridad de Moria, semejante a la oscuridad del inconsciente? ¿Tal vez la cavernosa oscuridad sea una asociación difusa hacia lo subconsciente femenino que permanece en tinieblas? ¿Acaso podemos negar que Moria sea la cripta-crisálida de la que emergerá una nueva existencia de Gandalf?

Visto como un viaje cognitivo, Gandalf y la Compañía enfrentan los temores del inconsciente reflejados en criaturas obsenas (¿y míticas?) como orcos, trasgos, trolls y en especial un Demonio, aquellas que se anteponen a la conexión con el verdadero Ser. Pero es de este último y formidable enemigo del que huyen todos: ninguno de la Compañía puede hacerle frente salvo el Mago. En el Ainulindale, Tolkien nos recuerda que los Demonios al igual que los Magos son Maiar, esto es, espíritus de consciencia muy por encima de Hombres y Elfos que han ejercido su investidura antes de la aparición del plano físico.

¿Podríamos arriesgar que Gandalf al enfrentar al Balrog se encuentra luchando contra su propia esencia en oscuridad? ¿No es curioso, entonces, que el Mago desafíe al Demonio sobre un angosto puente (acaso no simbolice mejor la unión sutil entre el consciente y el subconsciente)? ¿Quizá Gandalf y el Balrog puedan verse como una distorsión de la misma naturaleza? Tal vez, la emergencia ocurra cuando la fricción entre ambas polaridades se advierta en el interior, y la batalla no ceje hasta que el camino consciente nos lleve desde las ardientes fundaciones de la piedra hasta la nevada cima de la Montaña; y es allí donde los pulsos egocéntricos mueren por fin: cuando se exponen a la Luz sin Nieblas.

En verdad ya toda oscuridad es erradicada de la esencia de Olorin y es por esa razón que no muere: se ha convertido en un espíritu plenamente creativo, en un Ainur, en una Potestad de la Creación, pero que usa el avatar de Gandalf el Blanco hasta que concluya su misión terrestre; es por ello que ya no necesita de pirotecnia o trucos de fuego para enfrentar nuevamente a los Nazgûl: su esencia ya es la Luz misma. Derroca a Saruman sin armas, sólo con el tono de la Verdad en su voz, y la oscuridad de Sauron, en las mismas puertas de Mordor, no puede arrojar sombras sobre su cabalgadura.

Pero Gandalf no sólo posee poder sobre el plano físico, se ha convertido también en un shaman y puede reclamar almas: debe ser un doctor de la mente para sanar al Rey de Rohan, y para ayudar junto a Aragorn a la liberación de la posesión demoníaca de las almas de los hobbits.

Demonología, ufología y el trabajo interior (I)

Repasando libros escritos sobre el diablo y sus demonios, de autores como Frederik Koning, C. Paytuvi, Veuillot Soulié o Gaston Delibes, surgen inquietudes y asociaciones curiosas; obras como Satan y sus Demonios o El Exorcismo cubren una visión panorámica de la historia humana en relación -en las palabras de Koning- con todo aquello que se ha concretado para el hombre como hostil. Tal vez, alguna fibra profunda resuene con aquellos prólogos histéricos de los cuentos de Lovecraft.

El Diablo dicta el Diccionario
Infernal
a Collin de Plancy
mientras su esposa duerme

¿Pero cómo nos atreveríamos a entrelazar a la ufología? Basta observar la imagen relacionada y asociar el tópico de Visitantes de dormitorio y la amplia bibliografía existente, comenzando por el caso Betty Andreasson-Luca y llegando a Karla Turner; los ingredientes del crisol son similares: un interlocutor seleccionado junto a un mensaje que sólo él puede entender, un visitante humanoide, mientras que los otros individuos presentes caen bajo un sueño irresistible. Pero las analogías no terminan allí... el éxtasis por medio del sufrimiento practicado en el medioevo o impuesto durante la Inquisición, nos vincula al concepto de Monroe de loosh.

Creemos innecesario llegar a relatar los ejemplos mórbidos de las Ursulinas de Charlieu, la crucifixión de Sor Francoise o las sectas de flagelantes parisenses relatadas por Charles Marie de La Condamine. Pero sí extraer dos elementos: la búsqueda de poder a través del dolor y la vinculación entre el catolicismo y la mortificación. No debemos olvidar que cruzando las aguas lo mismo ocurría en el nuevo continente.

La búsqueda del éxtasis no sólo se conseguía a través del dolor; por supuesto, al igual que el péndulo que oscila irremediablemente entre los polos del desenfreno, nos lleva a la otra orilla: el placer. Aquí debemos citar los aquelarres o sabbats donde la lujuria era el elemento principal. Del libro Satán y sus demonios de Koning:
Por otra parte, es preciso tener muy en cuenta que entre los goces de los “aquelarres” y otras ventajas eventuales, bienes materiales que les concedía Satán, figuraban los excesos sexuales sin límite que para gran parte de los participantes era el único camino de realización de sus fantasías y deseos sexuales, unos deseos que al no poder satisfacerse normalmente llegaban a convertirse en obsesión emocional, que buscaba su espita de salida en el éxtasis colectivo.
Dentro de los estudios que comprende la ufología, los relatos de abducciones hacen mención a lo común de los exámenes ginecológicos, en especial a aquellos relacionados a la obtención de muestras de óvulos y espermatozoides. En realidad, pareciera existir una obsesión respecto a estos procedimientos. ¿Nos atrevemos a proporcionar una respuesta marginal? El material Cassiopaea sostiene que la forma de alimentación de las entidades de consciencia superior, extraterrestres o demonios, involucra la extracción de la energía sexual, como la energía líbido distorsionada a través de imaginería de carácter sexual o a través de intensas ráfagas de emociones caóticas basadas en el pavor, terror y miedo que estas entidades parecen poder inyectar durante los procesos de abducción.

Y esto es curioso, pues Gurdjieff sostenía la velada referencia a que eramos «alimento para la Luna» y proponía un uso inteligente de la energía líbido:
El sexo es la principal razón de nuestra esclavitud, pero también nuestra principal posibilidad de liberación. El “nuevo nacimiento” del cual hemos hablado depende tanto de la energía sexual como el nacimiento físico y la propagación de la especie.
En Relatos de Belcebú a su Nieto, Gurdjieff denomina al esperma con el término exioehary, que al ser transmutado serviría para crear los cuerpos superiores del Ser y coinciden graciosamente con John Baines que desde la óptica rosicruciana nos aporta algo semejante:
Es así como el sapiens es despojado inadvertidamente del producto más noble producido por él mismo, el destilado final de la experiencia humana... el “caldo aurífero” de su vida. El sapiens es, por lo tanto, un esclavo a perpetuidad. No obstante, ejemplares individuales o aislados (segregados del grupo), pueden llegar a ser libres.
¿Podemos establecer alguna relación y entrever un camino claro que seguir? Si analizamos el gran sistema de la realidad humana con su componente oculta o hiperdimensional, la cual es conocida como sistema de control o computador central, veremos que la manipulación del títere humano está ajustado a los intereses del factor exógeno. En el medioevo el principio pendular oscilaba hacia la represión, que como un dique debía refrenar los impulsos biológicos sexuales; la falla lógica asociada culminaba en desenfreno o mortificación en busca de una intoxicación química que saciara la tensión emocional producida.

Hoy en día, el péndulo se ha desplazado convenientemente hacia el descontrol y desenfreno sexual. La perversión mezclada con la violencia de género ha hecho que confundamos amor con sexo y viceversa. Para colmo, entendemos que en las relaciones de pareja ambos ingredientes: violencia y pervesión, son hasta un punto necesarios o al menos aceptables. Por supuesto, es a veces imposible oler el agua.

Dos cosas que no escaparán al ojo entrenado: el robot humano ajusta su configuración a lo que el arcontado dicta como normal, y la oscilación emocional es el principio energético con el que se nutren los arcontes.

¿Cuál es entonces el camino medio? Recordemos que el camino inteligente, aquel en el que se aplica operativamente la Información y el Conocimiento obtenido no es oscilante sino que asciende infinitamente al punto neutro que permite ver ambos polos sin que nos afecte. Todo comienza y todo concluye en el trabajo interior.

A equilibrarse se aprende en el tablero inclinado

Nos deslizamos sobre una hojarasca de múltiples e imprecisas estaciones; otoños olvidados han dejado la huella solemne de su paso que presagia la quietud reflexiva del invierno. El bosque bien lo sabe: la forma de respirar del Cosmos es a través de ciclos donde los aspectos destructivos y creativos se entremezclan surgiendo un tercero: el eterno cambio.

Los biólogos que siguen ciegamente las teorías materialistas que hablan de la competencia por la supervivencia han quizá olvidado algo... existe también la cooperación y el trabajo mancomunado en estos terrenos entrópicos. Y no estamos hablando sólo de líquenes y anémonas junto a su pez gracioso, sino también dentro de nuestros cuerpos. ¿Nos hemos puesto a pensar esto seriamente y las reminiscencias esotéricas que acarrearía? Así en la Tierra como en el Cielo: permítasenos citar del libro The Siren Call of Hungry Ghosts del autor e investigador Joseph Fisher el siguiente párrafo esclarecedor:
Pareció que Roger [el hipnoterapeuta facilitador] logró llegar a la consola principal de otro nivel de consciencia. En un inicio, se vio perplejo con esta revelación: descubrió que una enorme cantidad de consciencias alternas, cada una con su propia voz. Podía comunicarse con cada consciencia alterna a cargo de cada órgano del cuerpo y aspecto del yo, que iban desde los pulmones hasta el hígado, desde su salud hasta su humor. Todo lo que debía hacer era seleccionar la parte [del paciente], de manera física o abstracta, con la que deseaba hablar, de la misma forma en que uno puede seleccionar el archivo de una computadora.
Tal es así que dentro de nuestros cuerpos conviven en simbiosis millones de organismos y bacterias que junto a nuestras células administran en silencio las actividades metabólicas y defensivas de nuestro soporte físico. Es notable pensar que una enfermedad puede considerarse como un desequilibrio de esta simbiosis, donde un grupo toma actitudes egocéntricas -o más precisamente parasitarias- sobre la comunidad de células y organismos, y no nos centramos sólo en las decenas de miles de bacterias exógenas que pueblan nuestro interior, acaso una célula cancerosa comparte casi todo nuestro ADN y puede ser un enemigo voraz; del ecologista americano Paul Shepard:
El vivo mundo de nuestras emociones, miedos y respuestas es como un gran bosque con su fauna. Experimentamos esos sentimientos como si fuesen animales salvajes que se mueven rápidamente a través del follaje de nuestro ser, y que tímidamente se asoman alarmados o que salen, furtivos, y se acercan con hábil cautela, conectándonos con nuestro yo desconocido.
Analicemos con nuevos ojos y con asombro veamos que en verdad llevamos un Bosque de segunda densidad bajo nuestra piel. ¿Y en el Cielo? ¿Hemos de dudar acaso que esto deje de ser así en planos superiores? Louis Proud en su esclarecido libro Dark Intrusions nos permite entrever que algo parecido ocurre en la cuarta densidad: algunas entidades trabajan en silencio ocupadas en sus propios asuntos, como Ents entre bosques añejos y frondosos, haciendo poco caso de la futilidad humana; en contadas ocasiones, quizá, levantarán un ojo para entrever la actividad de algún extraviado, que en su desesperación pudiese arruinar el trabajo de muchos soles, sólo para guiarle y mostrarle el camino de regreso. Otras entidades parecen estar más cerca de los hombres, algunas en clara violación a la Directiva Primaria:
Una vez fuera de trance, Annie [Shaw, una medium] le comentó a la familia [una madre soltera: Peggy Hodgson, y sus cuatro hijos: Margaret de 13, Janet de 11, Peter de 10 y Jimmy de 7 años] que Janet era el foco de la actividad poltergeist. Comentó además que había múltiples entidades tras las manifestaciones, y el motivo se debía a que el aura de Janet y también la de su madre tenía un derrame energético. Cuando esto ocurre, los que están detrás de los fenómenos poltergeist parecen nutrirse de esta energía y utilizar parte para sus manifestaciones.
La causa de estas fugas en el aura pueden atribuirse, según la medium, a una atmósfera negativa en la casa, que fue adquirida luego de la separación de la señora Hodgson de su esposo y la reprimida amargura y tristeza que esto acarreó [¿tal vez asociada a una orquestación amorosa?]
En cambio algunas más solidarias parecen querer ayudar o al menos monitorear el desempeño humano sin intervenir en las elecciones, salvo bajo estricta solicitud y orientadas en honrar el libre albedrío:
Como evidencia del hecho de que gente perfectamente sana, aunque bajo cierto stress, pueda escuchar voces incorpóreas, Julian Jaynes [psicólogo norteamericano de la universidad de Princeton] describe su propia experiencia al respecto: ocurrió poco antes de los treinta años, mientras vivía solo en Boston; había estado estudiando por más de una semana sobre la cuestión "cuál es el camino para conocerlo todo," cuando, una tarde, en un estado de "desesperación mental" se había acostado en el sofá (y presumiblemente habría caído en estado hipnagógico) escuchó entonces una voz firme que dijo en voz alta: 'ha de incluirse el conocedor en lo conocido.'
Visión del Mundo Imaginal,
Teofanía y quizá Immram
Jay Alfred parece tener una interesante teoría que podría unificar el desarrollo biológico en el cuarto estado de la materia. Si nuestros cuerpos físicos, y aun lo que consideramos mente se encontrara en estado de plasma, podría interactuar de manera natural con las entidades que allí habiten; para comprender esto, tan sólo necesitamos extender el framework biológico a un plano adicional al de tierra, agua y aire. Si esto parece tan asombroso, observemos que la tercera densidad -aquella en la que habita la humanidad- sería invisible para un gusano que vive en el fango:
Cuando ciertos circuitos en el cerebro bioquímico (en particular en el lóbulo parietal y temporal) son desconectados, la zona de consciencia del cuerpo basado en carbón del ser humano se transfiere a su cuerpo de plasma. Durante la fase REM (Rapid Eye Movement) del sueño, el cuerpo basado en carbón procesa información del cuerpo de bioplasma.
¿Podríamos relacionar que las OBE (experiencias fuera del cuerpo) y NDE (experiencias cercanas a la muerte) estarían en estrecha vinculación al cuerpo etérico, o aun, al cuerpo astral? El renombrado psicólogo Kenneth Ring postuló algo semejante en su hipótesis del Mundo Imaginal al presentar el Proyecto Omega.