Demonología, ufología y el trabajo interior (III)

¿Nos atreveremos a coincidir con Castaneda y reconocer que aquellos que despiertan a la Gnosis coinciden con la imagen del Guerrero Espiritual? No nos cabe duda alguna, un humano esclarecido -un iniciado- es alguien que reconoce la necesidad de eliminar las ensoñaciones y emprender el arduo trabajo de verse tal cual es:
Con el fin de ayudar a su pupilo a borrar su historia personal, el guerrero como maestro enseña tres técnicas: perder la importancia en sí mismo, asumir responsabilidad por los propios actos, y usar la muerte como una consejera. Sin el efecto benéfico de estas tres técnicas, borrar la historia personal sería volverse desvíado, evasivo e innecesariamente dubitativo sobre uno mismo y sus acciones.
A simple vista, en la jerga bainesiana un Hombre Estelar no difiere físicamente del Sapiens, pero en el momento de verlos actuar es cuando comienzan las profundas diferencias: el pensamiento del rosacruz John Baines (Darío Salas Sommer) coincide con el de Carlos Castaneda en la analogía del Guerrero Espiritual o Shaman con el Hombre Estelar, ya que ambos comparten el axioma de la impecabilidad. ¿Y adónde nos lleva esta palabra? Impecable es la conducta del Esclarecido porque es carente de pecados, pero permítasenos la hipérbole semántica que dista leguas de los chupacirios: es impecable porque es carente de apegos o vicios; la voluntad ha logrado erradicar por medio del sucesivo trabajo abrasivo de la atención y la continua vigilancia sobre los disparadores que desencadenan las conductas nocivas. Pero nos atrevemos aun más: en verdad es im-pecable porque no hay nada pegado: el alma está limpia del parche de samskaras y de las entidades que la predan.

Y es aquí donde retorna la Demonología a echar luz, porque es la oscura ciencia que ha estudiado a las entidades que se pegan al alma. Ya hemos brindado pautas sobre los parásitos etéricos y lo que se podría considerar como fauna astral; nos atrevemos a subrayan su importancia, pero sobre todo su identificación en nuestra realidad cotidiana, pues entendemos que ofician de encastre con el sistema de control, y son las herramientas que apresuran los sincronismos negativos: aquellos engranajes silenciosos que provocan los cimbronazos emocionales que Gurdjieff denunció con la frase somos alimento para la Luna.

¿Pero cómo lograr el despegue de estas entidades, estos falsos egos, o si se prefiere, estos vicios que interfieren la conexión con el Ser Esencial? Existen dos rumbos que hemos transitado sin arrepentimiento: el primero consiste en ayudar a otros, lo que alienta el trabajo en equipo y disminuye los pulsos egóticos, y el segundo, en ahondar en las dificultades e intentar elaborar una frecuente búsqueda interior; en realidad, y aunque parezca un proceder inocente, indagar objetivamente sobre la conducta nociva ayuda a exponerla a la Luz.

Este trabajo, efectuado con dedicación y frecuencia construye un puente, que el ojo entrenado puede identificar como un proceso de canalización, o si se prefiere una labor donde intervienen densidades superiores: al frecuentar un estado de continuo enfoque sobre cierta impostura, se está regando de consciencia una faceta personal que permanecía en tinieblas. Alguien aquí coincidirá en que el Conocer Protege y aquí la teoría de la información nos avala con gracia.

Estas almas encerradas (o enterradas) en nuestra psiquis desbalancean el centro magnético -Mouravieff y Baines se explayan bastante en sus libros sobre este aspecto- lo que causa, en concisas palabras, mala suerte aunado al constante diálogo interno que pregonaba Castaneda. Pero este diálogo interno no es tan inocente como una polémica de neuronas inquietas, dado que muchas decisiones y elecciones son interferidas.

La ufología, por supuesto, vincularía estas entidades con los implantes: es interesante perseguir esta hebra que conduce no sólo a los implantes físicos, sino también a los etéricos y no hablamos de dispositivos electrónicos sino orgánicos, con una leve consciencia cuasi robótica que procesa señales externas e internas -como emociones- y provoca cambios en la psiquis y alteraciones químicas, como una inundación de hormonas. El libro Alta Extrañeza (1) de Laura Knight-Jadczyk se explaya de esta forma:
Lo que los Casiopeos proponen es que lo que hemos llegado a conocer como abducción extraterrestre no es un proceso totalmente físico. Es dirigido desde un reino que es invisible a simple vista e indetectable por los métodos científicos de observación actuales. Los extraterrestres usan un tipo de tecnología (remolecularización atómica transdimensional) para extraer la huella del alma de una persona, realizan sus análisis, colocan implantes y “alteran los sentidos” mientras están en un reino temporal creado por ellos, y entonces reinsertan el “alma” en el cuerpo. Este proceso toma lugar fuera de nuestra percepción del tiempo, y por lo tanto – dependiendo de qué tan precisos sean – puede parecer que toma lugar en minutos, horas, o días. Incluso pueden calcular erróneamente e insertar la huella del alma modificada antes del momento de la abducción.
El espiritismo kardecista se atrevería a una vista intermedia, compatibilizando la demonología con la ufología al proponer los implantes como obsesores:
El espíritu obsesor ilusiona los sentidos y el pensamiento de su presa, con tal habilidad, que le inspira una confianza total, hasta llevarle a creer y hacer las cosas más absurdas y ridículas.
No olvidemos que el francés Allan Kardec (Denizard Rivail) recibió estas definiciones por canalización, semejante a los textos del Ra Material que se centran en ufología y en las Transcripciones Cassiopaea que establecen un misticismo práctico.

El Guerrero Espiritual de Castaneda ha logrado identificar dichos egos u obsesores y ponderarlos debidamente, y la irrupción contínua de la consciencia logra silenciarlos luego de una extensa batalla. Y es cierto que la desconexión de la instalación foránea: el quiebre de la conexión del computador central de Baines o la remoción del velo de la ilusión de Knight-Jadzcyk, es la liberación definitiva; en palabras de Castaneda:
El shamanismo es un viaje de retorno. Un Guerrero que retorna victorioso al Espíritu, habiendo descendido al Infierno. Y desde el Infierno el trae consigo trofeos. El entendimiento es uno de esos trofeos.
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