Los Aliados de la Humanidad

Meditemos en lo siguiente: supongamos que las naciones desarrolladas se encontraran con una pequeña tribu en lo profundo de la jungla, que usara por asiento lingotes de oro u otra clase de minerales preciosos, o que poseyera frondosos bosques de valiosas maderas, ¿pensaría acaso que las naciones avanzadas no intervendrían si estos recursos fueran a desperdiciarse? ¿O que pasaría si los nativos talaran la añeja arboleda para disfrutar de la luz o para aprovechar el terreno para cultivos? ¿Acaso las naciones desarrolladas no harán todo lo posible para acceder a esos recursos, de manera legal o ilegal?

Este planteo es expuesto en los libros The Allies Of Humanity facilitados por Marshall Vian Summers, donde se alerta a la humanidad de su próxima emergencia a una realidad física más amplia, presentada como The Great Community (La Gran Comunidad), que encaja con el concepto de Cuarta Densidad provisto en el Material Ra y ampliado luego en las Transcripciones Cassiopaea.

La Gran Comunidad se presenta como una realidad habitada por formas de vida diversas, no necesariamente basadas en la biología del carbono, pero con las mismas necesidades básicas de alimentación, búsqueda de sustento y explotación de recursos. Desde esta nueva perspectiva, se presentan facciones y alianzas entre civilizaciones con diferentes rangos de orientación: desde observadores a exploradores, predadores y otros claramente orientados en el parasitismo y destrucción, donde la humanidad es meramente un trofeo pronto a ser conquistado, y la Tierra un conjunto de recursos minerales, flora y fauna para ser comercializado o explotado.

Quienes están detrás del premio son identificados como Los Colectivos, un conjunto de seres que se mueve contra la Directiva Primaria del Libre Albedrío e interfiere en la realidad humana de manera sutil, mediante abducciones en el plano psíquico con el fin de implantar cambios en el patrón mental sobre determinados sujetos, o a través de un programa de hibridación con el fin de colocar prototipos humanos en sitios de poder (acaso alguien recordara la película El Candidato del Miedo [The Manchurian Candidate] y el brillante libro Ponerología Política del psicólogo polaco Andrew M. Lobaczewski); David Jacobs en su libro Secret Life coincidió con esta postura al sostener:
Uno de los propósitos por los cuales los OVNIs viajan hacia la Tierra es para abducir seres humanos de manera que los aliens puedan producir otros Seres. No se trata de un programa de reproducción, sino uno de producción. No están aquí para ayudarnos, sino para utilizarnos para sus propios propósitos, de los cuales no se nos permite saber cuales son sus objetivos finales... pero el objetivo final de la abducción es la producción de niños.
Dentro de este contexto, la humanidad se encontraría en una situación de desamparo cósmico, semejante a las insinuaciones esbozadas en las obras de H.P. Lovecraft; pero dicho desamparo es sólo un punto de vista basado en la ignorancia: parte de la mala crianza de la humanidad subyace en que las religiones teócratas la han situado siempre en un papel preponderante, intoxicado de antropocentrismo; no hemos de olvidar que dichas religiones forman uno de los pilares del sistema de control, con el cual es estabulado el ganado humano. La ignorancia y la negación son las herramientas que facilitan el adormecimiento de la diminuta conciencia humana, utilizadas para refrenar la ansiedad y el miedo de pertenecer a una realidad aun mayor que hace uso de ella como un mero animal y no sólo como un recurso alimenticio emocional:
En sociedades tecnológicas como la de Los Colectivos, los recursos biológicos son extremadamente valiosos y difíciles de conseguir en La Gran Comunidad. Como hemos indicado anteriormente, su mundo es visto como un gran almacén de recursos biológicos; así que mientras los Visitantes pretenden los recursos minerales de su mundo, también quieren cosas más elementales para las necesidades de la vida. [...] Ellos necesitan sangre; necesitan de los efectos curativos que proveen los fluidos vitales. Necesitan plasma; necesitan de los elementos biológicos sobre los que se constituye la vida, y que son necesarios para la sustentación orgánica.Y esto significa que los necesitan a ustedes como un recurso biológico.
Una cosa es pensar que su mundo será utilizado para servir a otros poderes; pero la idea de que uno sea utilizado para servir a este poder es un asunto totalmente distinto, y representa una violación a los derechos fundamentales. Esto, por supuesto, se encuentra totalmente oculto de su agenda pública, no informándose nada al respecto a los representantes humanos que forman parte de su Programa de Pacificación [...]
Los Colectivos están aquí para hacer negocios; y ustedes son parte del negocio: vuestras manos, vuestros ojos, vuestros órganos reproductivos, vuestra sangre, vuestro plasma, vuestra bioquímica: todo esto es parte de su negocio. Para ellos, ustedes no son más que ganado semi inteligente en pie: útil, interesante y comercialmente importante.
El psicólogo Robert Altemeyer planteó el paradigma de la necesidad de anestesiar la mente crítica e inquisidora con dosis de dogma autoritario, donde un dios protector se encargara de apacentar su rebaño a cambio de adoctrinamiento y devoción; esta necesidad de anestesiamiento es congénito en gran parte de la raza humana, mientras que otra permanece indemne pudiéndose identificar con los seres más sensibles, a los que nos referimos como Guachos, Brujos o Bodhisattvas; para estos casos, Los Colectivos aplicarían un programa de pacificación, sometiendo durante la tierna infancia a procesos de abducción imponiendo un riguroso plan de tortura psíquica para erradicar los pensamientos creativos o de rebeldía contra la autoridad que parecieran albergar de manera innata en su espíritu, reemplazándolos con un programa de control mental, con el objetivo de asociar la intervención como un hecho beneficioso para la humanidad.

La incapacidad de aceptar una realidad donde la humanidad no sea el pináculo del zigurat alimenticio, o la promoción de las bondades que brindaría ser adoptados por "hermanos mayores" provendría de contactados que fueron quebrados por este programa de adoctrinamiento.

La solución que se plantea en Los Aliados de la Humanidad es la toma de conciencia de la verdadera situación en la que se encuentra la humanidad dentro de la estructura subyacente cósmica; si bien shockeante en un principio, dado el condicionamiento social y el falso aislamiento al que nos tiene acostumbrado nuestra débil percepción de la realidad, es el primer escalón para el reclamo de la libertad y la propia individualidad.

De la Prisión de la Crisálida
a las Alas de la Libertad
El siguiente paso, consiste en la difusión de esta realidad con el fin de desarticular la intervención y subrepticiamente reclamar una rebelión individual, pacífica y consciente ante el incipiente Nuevo Orden Mundial. Esta no será una batalla que se ganará portando armas en nuestras manos, sino más bien hermanándonos en el intercambio de Conocimiento, y trabajando sobre la propia Impecabilidad.

La sapiencia de lo ignorado y el reconocimiento de las debilidades

No es un secreto que el Universo ama el balance y la optimización; podríamos llegar a sospechar de lo dicho estando confinados en nuestra subjetiva realidad humana, aquí en la Tierra, la que Gurdjieff apodaba la Siberia Cósmica, pues nos vemos rodeados de consumismo y holgazanería; sin embargo, las Potestades Creadoras admiten por una razón la destrucción y esta es, por la Sabiduría a la que nos conduce si optamos por comprender.

¿A qué nos referimos? Desde una visión más amplia y objetiva, nuestra realidad resulta ser sólo el piso inferior donde se cuece el destilado emocional humano, alimento de entidades parasitarias cuyo único objetivo es la perpetuación en el poder. En esta realidad entrópica, se nos condiciona desde la tierna infancia para desfigurar la cara del prójimo, o la propia, al avanzar los escalones del estratificado ziggurat social, asumiendo como natural el servicio a sí mismo y anquilosando nuestra evolución hacia los planos espirituales.

El instructor en astronomía y analista en ufología Val Germann ha hilvanado una interesante hipótesis sobre la presencia alienígena en la Tierra, que la detalla en nueve puntos:
  1. hay una inteligencia que opera en el planeta, desconocida para la gran mayoría de seres humanos;
  2. esta inteligencia conduce "operaciones" a un nivel de enorme escala, a través de tecnología de un poder descomunal combinado con soporte de recursos locales;
  3. existen seres humanos que cooperan en la campaña de estos "aliens;" algunos, sospechamos, lo hacen por convicción, otros por ganancias, y tal vez otros porque no tienen alternativa; la élite gobernante (económica, cultural y militar) está envuelta en el programa, cuya existencia y objetivos es un secreto mortal;
  4. la civilización occidental está basada en una relación "predatoria" con el resto del planeta; la élite gobernante establece las regulaciones para las interrelaciones de la gran masa de seres humanos, estas regulaciones no consideran su bienestar último, sino que están encaminadas en fomentar cierto condicionamiento social para que los "aliens" preden a la humanidad de formas no reveladas; 
  5. existe la posibilidad que estos "aliens" o "super predadores" hayan creado el vehículo físico de los humanos, con sus características predatorias, a su imagen y semejanza, por así decir; en este caso, los "aliens" serían los dueños del "ganado humano" y la élite gobernante sus "guardianes locales;" hemos de considerar que humanamente vemos de manera natural el aprovechamiento de los recursos del planeta como su fauna y flora; ¿qué habría de diferente si un nivel superior tuviera la misma conducta sobre la humanidad?
  6. existe la posibilidad que la actual humanidad sólo esté acondicionando el planeta para una nueva humanidad; esta preparación culminará en cambios climáticos que beneficiará a la nueva humanidad pero terminará por eliminar a la actual;
  7. estos seres no son todo poderosos: requieren de la subrepción y el secreto para lograr su trabajo; en cierta forma, nuestra ignorancia del fenómeno es su principal herramienta para obtener nuestra asistencia pasiva;
  8. el mejor mecanismo con el que cuenta la humanidad es la información; por supuesto, todo acto informativo tendrá un control de daños que culminará con montañas de desinformación;
  9. si esta hipótesis es correcta, los "platillos voladores" son tan sólo la punta del iceberg, manteniendo nuestra atención en "los cielos" cuando en realidad, correspondería atender el trasfondo político y social.
Con los estertores finales del vehículo físico, los psicopompos -los encargados de nivel superior (1) para reciclar en nuevos cuerpos nuestras alquitranadas almas de corazas corticales- nos devuelven al juego para una nueva ronda, ubicándonos en las coordenadas del espacio-tiempo histórico, de forma que profiten las mejores ganancias emocionales; por eso tal vez se diga que se nos coloca en la situación óptima para aprender, ya que el sufrimiento es un arcano cincelador de sabios.

Sólo aquellas almas que han comprendido las reglas del juego, tratando de respetarlas al orientarse al servicio al prójimo o han sobrepasado de manera consciente las medidas de un pasivo servicio egótico, son descartadas como alimento por no cumplir con las expectativas calóricas deseadas por el ingenioso pastor, o para poder engrosar las filas de aquellos que fermentan el caldo aurífero de la humanidad. Aunque sólo la vía de servicio al prójimo exonera al alma del plano Entrópico permitiéndole retornar al Creativo; de las transcripciones de Cosmic Awareness (79-25):
Las fuerzas de Celestria y las fuerzas del Hades no están compitiendo una contra otra sobre el alma humana; más bien tienen un acuerdo: aquellas que estén una vibración más elevada (quienes buscan que no se les dé todo lo que gratificaría sus deseos y codicias personales, aquellos que se orienten en servir a otros) son las cosechadas para ingresar en los reinos superiores conocidos como Celestria [plano Espiritual]. 
En cambio, aquellas almas que buscan preservarse ellos mismos a toda costa, al precio de involucrar el daño a otros, aquellas que buscan la seguridad y comodidad y prefieren volverse esclavos de la autoridad con el fin de sobrevivir, éstas son las entidades que cosecha la oscuridad, y se convertirán en ciudadanos del rango vibratorio del reino del Hades [plano Etérico o bajo Astral].
No obstante, desde el plano Creativo queda abierta la invitación para reingresar al Entrópico, ayudando a otros a reorientarse y a trabajar sobre la propia impecabilidad. Pero cuando esto ocurre, la interferencia exógena es implacable; los que vuelven a ayudar son identificados antes de poder poner un pie en el escarpín.

No hemos de olvidar que los pastores cuidan su fuente alimenticia con recelo y no permitirán que la certidumbre bañe la conciencia humana. ¿Cuántos sembradíos se perderían si la Humanidad reconociera masivamente la realidad de su esclavitud? ¿Cuántos escaparían del Cerco del Mago Astuto si trabajaran activamente en la limpieza de su psiquis? ¿Dónde encontrarían anfitrión los córtices parasitarios que anidan en las mentes debilitadas y sumisas?

El lento método de la evolución natural consiste en la sapiencia de lo ignorado y el reconocimiento de las propias debilidades.

¿Pero cuál es la raiz que subyace en la ignorancia? De la esencia predatoria de la Humanidad surgen dos caminos: aquel que acentúa los pulsos egóticos o crecimiento lateral que concluye en la psicopatía, o aquel que busca el Balance o crecimiento global. Quizá por ello, Olin Levi Warner esculpió a La Verdad sosteniendo en su mano izquierda una serpiente, y en la derecha un espejo, pues es la introspección y el reflexivo trabajo interior el que nos lleva a depurar las conductas del cerebro reptil.

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La expansión de la conciencia

¿Qué ocurriría si lográsemos vernos como una serie de robots obedientes, ejecutando ciegamente una serie de programas de dudosa autoría? ¿Existiría alguna posibilidad de vislumbrar el confinamiento en el que habitamos con las desviadas herramientas perceptivas de nuestro cuerpo? Pareciera poco probable si el diseño de nuestro organismo hubiese sido modificado con el fin de cegarnos a realidades más sutiles: del libro Teovnilogía del prestigioso Salvador Freixedo:
Los conspiranoicos nos acercamos con audacia a los límites del mundo tridimensional en que vivimos y nos asomamos a otros niveles de realidad, porque sabemos que la información que nos dan nuestros sentidos es enormemente limitada si la comparamos con las posibles infinitas formas de vida del Universo.
Robert Teske en su recopilación de tres volúmenes sobre un espeso material ufológico, expone una realidad conspiranoica de la que no se emerge indemne. Para aquellos interesados en una sinopsis, tan sólo diremos que las piezas encajan con facilidad en el rompecabezas de una realidad hiperdimensional, donde las sectas bávaras y el gobierno encubierto (formado por las agencias de seguridad, investigación y milicia) mantienen objetivos comunes con una raza criptoterrestre —que habita en lo que equivocadamente entenderíamos como regiones físicas subterráneas, cuando en realidad estarían en una densidad dual— a fin de establecer un gobierno único mundial (New World Order).

Hemos hablado anteriormente sobre las sectas, habiendo estudiado a fondo sus procedimientos de reclutamiento, la sutil mezcla de verdades en un cóctel devocional y ritual, junto al velado ziggurat que fermentan las jerarquías Masónicas y Rosacruces en aparente batalla —según leemos del iniciado Paul Koch— contra el anquilosamiento teócrata Jesuítico y los punitivos Iluminati; aunque en el fondo elucidamos que todas estas sectas son manipuladas en última instancia por el sistema de control hiperdimensional, gracias a la continua cesión de libre albedrío durante las reuniones ceremoniales y los rituales grupales.

Por otro lado, fue la doctora Karla Turner la primer académica que sostuvo en sus libros la posibilidad de operativos militares de secuestro y tortura de civiles en manos de Black-Ops, donde se involucraba a ciertas agencias de gobierno con un claro proceder despótico. Y no hemos de olvidar que los primeros libros Matrix de Valdemar Valerian, contenían varios artículos de un esclarecido Michael Topper, quien coincidía en una visión semejante, donde se develaba que la componente hiperdimensional poseía lo que podría etiquetarse como tecnología psíquica: herramientas avanzadas para secuestrar almas, implantar compañeros indeseables en el subconciente, técnicas para reprogramación de patrones mentales y un interés macabro en la explotación emocional del ser humano. Años más tarde, durante 1995, estos libros serían estudiados por Laura Knight-Jadczyk quien de manera independiente recibía sugerencias superluminales para que profundizara en estos temas; y una interesante frase proviniente de estas canalizaciones que hará a más de uno pensar:  
Ustedes viven en un universo “material,” desde su perspectiva. Pero hay un universo de energía que lo acompaña que, en gran medida, son incapaces de percibir hasta el momento.
¿Es conveniente entonces continuar con este esquema humano de intentar ver una realidad hiperdimensional, quizá ultraterrestre y cripoterrestre, o conviene atreverse a sugerir una panorámica más clara, elevando un tanto nuestra visión hacia una realidad más objetiva? ¿Acaso si un pez lograra comprender la naturaleza del anzuelo, mordería la carnada con descuidado ímpetu por una comida aparentemente fácil? Tal vez la visión conspiranoica de tecnologías que nos parecen en principio disparatadas, o la posibilidad de Enanos y Orcos tolkinianos —o si se prefiere: Grises y Reptoides magonianos— que habitan en salas infernales custodiadas por bases militares (no con el fin de proteger a la humanidad, al contrario: para que no escapen los que allí secuestren), podría verse diferente si nuestra realidad de tercera densidad fuese tan sólo una pequeña isla o colonia dentro de una vasta realidad de más dimensiones en una densidad superior.

Fibrado de Hopf, esfera tridimensional
interpretada desde cuatro dimensiones
Obsérvese que la esfera terrestre vista desde un sistema de cuatro ejes ortogonales perdería su volumen; ¿acaso estaremos percibiendo erróneamente la realidad tridimensional, confundiendo las sombras platónicas proyectadas desde una realidad más compleja? ¿Si las bases subterráneas fuesen el guardado ingreso a las galerías intraterrestres del Reino de Agartha, que efectivamente sería parte del plano etérico o cuarta densidad, estaríamos sosteniendo que el Gran Arquitecto o Rey del Mundo no sería un ilustre y bondadoso monarca, sino aquella entidad destructiva que tira de los piolines de las marionetas demoníacas y humanas?

El capítulo XIX del libro The Dulce Protocol intenta responder la inquietud de quién controla la mente colectiva reptoide:
Uno de los blancos al que fue dirigido Mr. Brown en su entrenamiento de RV [Remote Viewing o Visión Remota] fue la mente colectiva de los aliens Grises, más específicamente fue instruido en buscar el centro de control definitivo de donde emanaban las ordenes colectivas.

Luego de algunos fracasos iniciales, Brown se encontró en un área donde divisó varios Grises trabajando, aunque ignorando donde se encontraba en realidad. Intentó entonces “perseguir” el flujo de pensamientos que los controlaba, y se encontró que era abolutamente masivo, teniendo la sensación de ser algo sin límites, y casi de naturaleza universal. Sin embargo, detectó una especie de centro, una especie de “latido” de esta masiva matriz colectiva como una hebra permanente de información parecía fluir.

Notó entonces una inusual entidad sutil que parecía estar dirigiendo las actividades de los Grises que observaba, y que en realidad estos Grises eran sondas que la entidad encarnaba con el aparente objetivo de manipular la realidad física.

Brown fue instruido en localizar otras entidades sutiles que en apariencia controlaran otros Grises, y entonces se encontró en un área donde varias de estas entidades parafísicas perseguían diferentes actividades, como si de una estación central se tratase.
Si bien no pudo distinguir exactamente donde se encontraba, a medida que se internaba en este Centro de Control podía notar la rigidez de la atmósfera y el absoluto control militar. Llegó entonces a lo que consideró como el centro de gobierno de las actividades de las entidades sutiles, y allí había un área donde un “Consejo de 10” entidades de muy alto nivel estaba congregado. Estas parecían ser las entidades encargadas de toda la operación. El nivel de seguridad y lo cerrado de la atmósfera era inquietante.

Fue entonces cuando percibió al Líder Supremo del “Consejo de 10,” pero en ese momento Brown fue expulsado y volvió a duras penas a su cuerpo que permaneció en trance durante un tiempo en el que le pareció que esa entidad lo había seguido. Por unos segundos la entidad exploró el campo físico donde el se encontraba y luego desestimó al intruso viéndolo como un gusano en el fango.

Pero antes de la expulsión, Brown tuvo la oportunidad de inspeccionar por un breve momento cómo era la entidad. Si bien era extremadamente poderosa, tenía una personalidad retorcida y llena de oscuridad. En apariencia esta entidad había entrado en conflicto con otra fuerza a la que veía como una enemiga. Brown percibió que esta entidad tenía un severo problema de autoestima, a pesar de su increíble poder, y debido a esto, tenía una imperiosa necesidad de ser adorado por otros.
La Tierra vista de forma plana
y bajo ella un mundo reptoide
Permítasenos reflexionar alzados sobre hombros de luminarias gnósticas: una legión de psicópatas decide seguir a un demiurgo trastornado, emancipándose de una realidad creativa (o de quinta densidad); en este nuevo plano (de cuarta densidad) crean su realidad a gusto, pero a diferencia del anterior requieren de una fuente incesante de energía pues es el precio de encarnar en planos más densos que el espiritual; para ello, diseñan robots o cuerpos aun más densos que les proporcionen a través de su supervivencia y destrucción, flujos continuos de energía emocional negativa.

Y sin embargo, esta actividad requiere ser supervisada y optimizada; no vaya a ser que ocurra una insurrección gnóstica en la granja humana. Para ello, disponen de grupos sectarios con los que se pacta poder a cambio de devoción y un vedado cercenamiento del libre albedrío, convirtiéndoles en títeres sumisos de las oscuras manos demoníacas.

La escisión de realidades

Nos encontramos en el umbral del cruce de dos realidades; entendemos que sólo será posible una transición fluida teniendo un imparcial conocimiento de la que habitamos y una noción de la realidad a la que nos dirigimos. Quienes comprendan que la realidad en la que nos encontramos atascados -por no decir esclavizados o confinados- es cíclica, sabrán que cuando los indicadores cósmicos marcan un giro completo, el sistema se reinicia, generalmente con unas apocalípticas y sepulcrales campanadas finales.

Sin embargo, para el oído entrenado esto no será otra cosa que la señal de largada, marcado por el tintineo de cadenas que se rompen. ¿Pero, realmente conocemos la realidad en la que nos encontramos? El prestigioso Juan G. Atienza en su libro La Gran Manipulación Cósmica, nos comenta:
Esa realidad [exógena] nos está manipulando desde unas coordenadas -¿[hiper]dimensionales tal vez?- que normalmente somos incapaces no sólo de alcanzar, sino hasta de entender. Pero su juego es, a determinados niveles, exactamente igual al que ejercen sobre nosotros las entidades manipuladoras de nuestro propio mundo, hasta el punto de que pocas veces llegamos a identificar la naturaleza de esa radical dependencia y nos es totalmente imposible distinguir sus límites, precisamente porque, tan a menudo, la pequeña manipulación de nuestro entorno ejerce sobre nosotros trata de apoyarse -con un conocimiento intuitivo más o menos real del problema- en las manifestaciones que, con la apariencia de prodigios inexplicables, surgen ante nosotros rompiendo, incluso violentamente, los esquemas de nuestra lógica de andar por casa.
Aquello de lo que debemos percatarnos es que nuestra realidad humana está viciada por la subjetividad, la manipulación y, para no ser menos, en el engrandecimiento del ego. Parafraseando al escritor germano-español Andreas Faber-Kaiser, el muñeco humano suele comprar como verdad aquella campana que suena más fuerte o más veces. Bob Altemeyer, psicólogo canadiense que en su libro The Authoritarians (Los Autoritarios) concuerda en que un segmento muy amplio de la sociedad posee tendencias genéticas de obedecer a la autoridad sin jamás cuestionarla; en Comets and the Horns of Moses (Cometas y los Cuernos de Moisés) se lo cita brevemente:
La idea básica es que el cerebro tiende a protegerse del stress y siempre busca conservar la energía. Es más, cuando el cerebro aprende a temprana edad cómo callar sensaciones desagradables y crear una "visión alternativa" de las cosas, usualmente de una forma negligente, establece así un patrón de comportamiento que luego se perpetúa pues alivia el stress. [...]
La configuración del cerebro humano es la de buscar las causas de los efectos; esto fue una adaptación evolutiva dado que un ser que puede leer los signos del ambiente de manera correcta y anticipar eventos futuros que pueden resultar fatales, sobrevive. [...]
Los seres humanos son capaces de recordar los errores del pasado y, junto a la habilidad de reconocer patrones, predecir qué puede salir mal en el futuro; pero también pueden predecir su propia muerte; y estando sometidos a encontrar una solución, una respuesta defensiva y al mismo tiempo conservadora de energía, surge entonces la creencia religiosa como el camino con menor resistencia. Por otro lado el escepticismo, el encarar las verdades y los hechos dolorosos de la realidad, requiere de esfuerzo y produce dolor mental.
Compárese La Cabaña del Terror
con el Manuscrito Hefferlin
Nos hallamos entonces en la disyuntiva mental de tomar el camino fácil y creer, sometiendo nuestro discernimiento a las autoridades políticas o religiosas -ya sean de tercera o cuarta densidad- o encarar el camino hacia la Verdad. Si optamos entonces por Ad astra per aspera, y comenzamos a vislumbrar que los cuentos medievales sobre Infiernos dantescos, los extraños relatos del inframundo de Richard Shaver o las leyendas mesoamericanas del Xibalbá maya, frente a los artículos ufológicos que exponen la Base Militar de Dulce pueden tener un patrón común con aquella realidad lovecraftiana que intentamos exponer, ¿acaso alguien recuerde la película Cabin in the Woods?

Es que no nos cabe duda en afirmar que el cruce de realidades existe y es natural, y que lo artificial es el encierro en el que nos encontramos habituados. ¿No hemos hablado de manera esclarecida sobre el conflicto que subyace en la oscuridad de nuestra mente promovido por las entidades parasitarias?

Tal vez, la dinámica de lo que esté por ocurrir posea sus raíces en el nuevo paradigma del Universo Plásmico, donde el desbalance en la mecánica interna de un sistema impone una compensación externa provista por el sistema superior que contiene al primero; quizá desde la visión antropocéntrica, esto tenga dos componentes en retroalimentación:
  • por un lado el nivel de polarización: (1) si consideramos que el sistema interno se encuentra en desbalance (motivado por la subjetividad, la patocracia, el desenfreno, etc.), la compensación externa actuará como una onda energética contraria, en busca del equilibrio; bajo la influencia de esta Onda, los individuos sensitivos comenzarán a alejarse de aquellos que no lo son, lo que culminaría en una clase de catalizador para una escisión de realidades, formada por masas de individuos que necesitarán de diferentes destinos colectivos (aquellos que volverán a reencarnar en la realidad grosera de la tercera densidad y los que evolucionen a las experiencias en la cuarta); en sus escritos sobre Principios de Evolución Espiritual, Thomas Minderle lo explica con elegancia académica:
Hay un experimento científico donde la arena y la tierra son mezcladas y puestas en una hoja de hule. Cuando por medio del sonido la hoja comienza a vibrar, la mezcla se separa en dos montones de arena y de tierra. Esto se debe a que la tierra tiene consistencia más fina que la gruesa arena y por lo tanto poseen diferente frecuencia de resonancia. Cuando se aplica una fuente sonora, cada sustancia responde de manera diferente y por lo tanto comienzan a separarse.
  • por otro, el catastrofismo entendido como un reset planetario para balancear de manera natural el desenfreno de la creciente mecanización de la humanidad y la patocracia de su élite gobernante: no desentendamos que la polarización negativa a través de la ponerización de la sociedad, posee repercusiones cósmicas; Laura Knight-Jadczyk continúa en el segundo tomo de la Historia Secreta del Mundo:
Al final, la gente y la élite buscan ambas lo mismo: un paradigma que detenga las catástrofes cíclicas, pero lo hacen por razones diferentes. La gente busca aliviar el enorme stress de una certera pero impredecible hecatombe, mientras que la élite quiere perpetuarse en el poder.
El arreglo que sirve a ambos objetivos consiste en la ilusión de que la élite puede proteger a la gente de cualquier desastre. Y esta ilusión toma diferentes formas: rituales para calmar la ira de los dioses, revisionismo de la historia para exponer un marco uniformitario, una evolución continua y perenne de la humanidad, y un montón de propaganda.
Y esto funciona bien durante los períodos de calma entre dos grandes catástrofes. No obstante, la historia muestra que cuando aflora el hambre, las plagas, los terremotos, cuando los volcanes erupcionan y los cometas atraviesan el cielo o hay lluvia de meteoros y la anomalía climática se intensifica, la ilusión colapsa, y la razón de ser de las élites gobernantes (o sea, proteger a la gente) también cae, y entonces el chivo expiatorio termina siendo la clase gobernante.
La idea que la élite gobernante esté al tanto de un evento destructivo de escala global no es nueva; algunas corrientes conspirativas han planteado la posibilidad de que los medios estén cercenando información sobre un incremento en la actividad de cometas, que pueden ser expuestos como chemtrails (estelas químicas) rociados por agencias gubernamentales. El libro Comets and the Horns of Moses concluye en que: 
Atribuyendo la causa de estos eventos cósmicos al hombre, la élite mantiene la ilusión que ellos están al poder. Los chemtrails pueden detenerse si se dejaran de rociar, o las pruebas de misiles pueden culminar si las fuerzas militares son coaccionadas a ello, o el calentamiento global puede reducirse controlando las emisiones de gas invernadero.
Ahora bien, estelas desencadenadas por actividad cometaria, explosiones de cometas o cambios inducidos por tormenta solar no pueden ser cambiados por la élite. No sólo eso, porque si la gente se diera cuenta, podrían empezar a pensar que los 'dioses están enojados' e intentar buscar la razón tras esto, ubicándola en la creciente corrupción y violencia fomentada por la élite en sus esfuerzos de mantenerse en el poder.
Si las masas humanas reconocieran las verdaderas causas de tales fenómenos, esto llevaría a reconocer la impotencia de la élite y en consecuencia a poner fin a su mandato.
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Deshacerse del Wetiko: la limpieza y sanación de la psiquis

Asistimos a lo que la humanidad hoy considera como el pináculo del entendimiento y la razón: celebramos la sociedad de consumo moderna como el destilado productivo de una civilización avanzada. Sin embargo, aquellos marginados y excluidos -piezas necesarias para ser apetitosa la inclusión dentro de la nefasta pirámide-, observan desde una posición quizá privilegiada, preguntándose en inquietos susurros cuál será el fin de esta vorágine que hemos iniciado y continuamos alimentando.

¿Acaso habrá entidades más avanzadas que los humanos? ¿Por qué no existirá una escuela cósmica donde los Hermanos Mayores enseñen a comportarse a los menores? Suelen acompañar como respuesta a estas inquietudes, la imagen de una playa de arenas blancas y aguas azules; imagínese paseando por aquel idílico lugar: la suave brisa salobre junto a los sosegados ruidos del océano. ¿Cruzaría en su mente veraniega la idea de ir a ayudar a un sombrío pabellón hediondo de reclusos mentales donde los enfermos se creen cuerdos y dueños de ejercer su insana voluntad sobre otros más débiles? Una postal del mundo moderno, controlado por psicópatas; del libro Alta Extrañeza de Knight-Jadczyk y Koehli:
Las creencias de filosofías esquizoides pronto experimentan una "manipulación" moral, mientras más individuos despiadados obtienen poder. Eventualmente se desarrolla una patocracia. Como Lobaczewski señala, es como si los internos tomaran el control del manicomio. Eventualmente, el 100% de psicópatas esenciales ocupan posiciones de autoridad y de poder. Y se mantiene a las personas normales en constante terror psicológico. Literalmente, es como vivir en el 1984 de Orwell, en donde las emociones y reacciones humanas normales deben ser internalizadas, cualquier muestra de normalidad puede resultar en un interrogatorio policial, el exilio, o peor. Uno nunca sabe cuando se está tratando con un agente del gobierno o un intrascendente informante.
¿Y cuando algún Espíritu Errante decidiese investirse con las humildes prendas para ingresar al hospicio, acaso no desoiría las advertencias de sus hermanos sobre las extrañas costumbres que tienen los enfermos de crucificar a los sanos? Sucede que los administradores y explotadores del funesto lugar (terribilis est locus iste diría el párroco Saunière) se alimentan del sufrimiento de sus enfermos; una extraña enfermedad se ha apoderado de los supuestos médicos y pacientes: la sombra arquetípica del vampiro, el Wetiko, ha cubierto los corazones. Del libro Curar el Trauma del doctor Peter Levine:
Tres crías de leopardo habían escapado por poco de un león que las perseguía cambiando rápidamente de trayectoria y trepando a un árbol alto. Cuando el león se fue, las crías bajaron y empezaron a jugar. Por turnos, cada cría jugaba a ser el león mientras las otras dos practicaban distintas maniobras de huida. Practicaron las carreras en zigzag y después treparon al árbol hasta que su madre regresó de un excursión de cacería. Fue entonces cuando hicieron una cuantas cabriolas orgullosas alrededor de su madre, como si le explicaran su exitosa huida de las poderosas fauces de la muerte. 
Creo que la raíz biológica primaria de la representación ocurre en esta fase del juego. ¿Cómo es posible que este festivo mecanismo innato de supervivencia degenere y se convierta en una representación traumática y a menudo trágica, patológica y violenta? Es importante responder a esta cuestión no sólo de interés para los individuos que sufren un trauma, sino también para la sociedad. Buena parte de la violencia que asola a la humanidad es consecuencia directa o indirecta de un trauma no resuelto que se representa mediante intentos repetidos y frustrados de restablecer un sentido de poder sobre uno mismo. 
¿Pero cómo desactivar esta Sombra? Consideremos en principio que el único terreno de batalla en el que estamos autorizados a erradicarla es nosotros mismos; como plantea la psicóloga jungiana Barbara Hort en su libro Unholy Hungers (Hambrientos Impíos):
Manifestar nuestro crecimiento espiritual en las relaciones personales nos lleva a un serio desafío. Cualquier camino de desarrollo espiritual (que algunos denominan "redención" o "salvación," y en palabras de Jung se denomina individuación) puede resultar en una conclusión celestial, pero siempre implica una estadía en los infiernos.
[...] podemos protegernos con una variedad de agentes que disuaden al vampiro. Por un lado, debemos transitar siempre a luz del día, que los vampiros detestan. En términos de nuestras relaciones externas, esto significa que nunca debemos proyectar al Ser Amado sobre algo inconsciente, dado que el peligro del vampirismo yace en las tinieblas de la noche. Transitar a la luz del día implicará que cada uno arroje una sombra.
Dado que los vampiros no arrojan sombra, en el instante que no se observe o reconozca la sombra proyectada de uno o ambos -esto es, cuando parecieran ser perfectos- lo más factible será que el vampiro psíquico ha sido activado.
Si logramos identificar la sombra del vampiro en los demás, y nos reconocemos superiores por ello, esta sensación de superioridad en sí misma es un síntoma de la propia enfermedad que anida en nosotros. Paul Levi en su libro The Wetiko: The Greatest Epidemic Sickness Known to Humanity (El Wetiko:(1) La Mayor Enfermedad Epidémica Conocida por la Humanidad) agrega:
En vez de reaccionar de manera inconsciente y proyectar la Sombra fuera de nosotros mismos -cuando conscientemente nos ocupamos y tomamos responsabilidad por la maldad dentro de nosotros mismos-, comenzamos a debilitar energéticamente y restar poder en la complicidad de mantener la maldad fluyendo de manera continua en nuestra realidad.
La forma adecuada de enfrentar a la enfermedad del Wetiko es atender a los desencadenantes en nuestro interior. Del mismo modo que fue través de los reflejos en su escudo como logró Perseo cortar la cabeza a la mítica Medusa, de igual forma debemos proceder nosotros: acechando a la entidad vampírica, persiguiendo el reflejo en el espejo de nuestra mente.
El Ente, Wetiko o
Arquetipo del Vampiro
Al igual que el personaje de Drácula que se violenta al ver reflejado el horror de su ser en el espejo, se necesita actuar con cautela y de manera indirecta pues, como coinciden Levi y Hort, la maldad del wetiko puede ser demasiado poderosa como para encararla de frente; poner en evidencia las consecuencias de las conductas detrimentales de un victimario durante un episodio de abuso terminará por escalar aun más la pesadilla; e incluso es peligroso hacerlo cuando el abusador no esté atacando, pues el reconocer el daño provocado puede ser tan doloroso que detonará un episodio de fuga, reanimando al arquetipo del vampiro para destruir toda huella de remordimiento.

Esta advertencia nos permite inferir que el victimario es o fue también una víctima, y que probablemente sus episodios de fuga (que concluyen en la interposición del arquetipo vampírico, pues en términos poéticos, el Cosmos siente aversión por el vacío) son resultado de un trauma anterior. El doctor Levine comenta:
Por diversos motivos, el método preferido por nuestra cultura es dirigir la violencia contra uno mismo. Obviamente, resulta más fácil así mantener una estructura social que parece controlarse a sí misma. Sin embargo, creo que existe otra razón más precisa: al interiorizar nuestra propensión natural para resolver los incidentes que amenazan la vida, negamos incluso que exista esa necesidad, y que permanece oculta.
Esta conclusión es interesante pues a diferencia de los animales, el ser humano carece de un sistema de creencias estándar donde sea posible identificar con facilidad a un predador superior invisible o con capacidad en interferir dentro de la propia mente; carente de dicha posibilidad de representación, el subconsciente continuará recreando la situación indefinidamente al no completar el rompecabezas. Asimismo, el ciclo urobórico del trauma proveería de un destilado emocional persistente a entidades que se benefician de estas condiciones negativas.

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Wetiko: el sediento vampiro que anida en la sombra de la psiquis

Si hay algo de lo que no es posible huir es de uno mismo. Este es el verdadero punto de partida para todo cambio interior, ya sea que la humanidad se considere el tope de la creación, o tal vez, fatigados peregrinos encadenados al plano material, o posiblemente en una jerga más elevada, unidades conscientes de lectura de ondas colineal: no hemos de olvidar el principio hermético de que todo vibra, y que a diferencia de los portales orgánicos, sólo la humanidad consciente es capaz de lograr alguna visión objetiva, y si dicha visión se alcanza -aunque sea graciosamente alzados en puntillas de pie- será compartida por los demás esclarecidos.

En definitiva si el mundo de los dioses existe, ya sea como una realidad tangible en un espacio hiperdimensional, o como una serie de arquetipos en el futuro que crean nuestro presente proyectándose asimismo en el pasado, formando un ambiente interactivo en donde la clave es comprender y comprenderse, no es conveniente dar la espalda a este denso reino de la fisicalidad, aunque se trate de una ilusoria sombra de una realidad más vasta.

Cuando presentamos a los introyectos -los sombríos acompañantes de nuestra psiquis- hicimos mención a que era posible ignorarlos o tomar alguna medida al respecto: si aplaudíamos su actuación y poníamos nuestra consciencia a su servicio, nos encontrábamos en lo que el psiquiatra Dabrowski denominó crecimiento lateral, acrecentando el servicio egótico y anclando en la psicopatía; por otro lado, podíamos optar por el camino del conocimiento interior teniendo así un crecimiento global, debiendo hurgar en las oscuras profundidades del trauma emocional, donde los parásitos etéricos hunden sus retorcidas raíces en busca del preciado loosh.

La psiquiatra Barbara E. Hort plantea en su libro Unholy Hungers (Hambrientos Impíos) el paradigma del vampiro psíquico, la carismática pero perturbadora sombra arquetípica que seduce bajo sus dos apariencias:
  • la masculina, proyectando poder y seduciendo nuestra imaginación para cobijarnos bajo su aparente capa protectora, pero que sólo es el velo piadoso de un testimonio macabro: somos el suculento plato de su festín; ciertamente somos protegidos, tal como lo es cualquier fuente alimenticia generosa;
  • la femenina, esta vez el velo proyecta una imagen de vulnerabilidad y debilidad con la cual el inocente guerrero queda desarmado... ¿cómo es posible ser tan poderoso pero a su vez tan ciego? El guerrero espera una criatura feroz y hambrienta, no una mano delicada con guante de seda; cuando nuestra psiquis enfoca al guerrero piadoso, buscamos servir a aquellos más desafortunados y es allí, en la niebla de la ignorancia y la falta de discernimiento cuando los colmillos se prendarán para explotar la verdadera nobleza de nuestro acto.
Pero si bien esto es díficil de contrarrestar -por supuesto una vez aprendida la dura lección del discernimiento lo que dejará al guerrero vencido y debilitado- la verdadera lucha comenzará al descubrir el aborrecible nido del vampiro que habrá incubado en la ceguera de nuestra psiquis. Como Leonard Wolf observa sobre Drácula:
El logro de Stocker es este: nos permite entender la razón por la cual se dice que el vampiro es invisible al reflejarse en un espejo. Efectivamente se encuentra allí, pero no somos capaces de reconocerlo dado que nuestros propios rostros obstaculizan su reflejo.
Y es este el verdadero Síndrome del Wetiko (Wekufe en mapuche, de ahí el término Gualicho) que denuncia Paul Levy... la Gran Epidemia que hoy asola a la humanidad: somos el huésped de un terrible parásito que se nutre de nuestras relaciones enfermizas, ya sean laborales, familiares o sociales. Buscamos con desesperación trepar al siguiente escalón de la pirámide social desconociendo los desfigurados rostros que aplastamos, carecemos de control para encerrar al predador interno que se esconde en cada discusión familiar, queremos convertirnos en una fachada de Dorian Gray, en un Conde Draculiano, en un Vampiro Adolescente que logre seducir todas las miradas... de otra forma, ¿por qué el éxito de las sagas que hablan de los villanos de otro tiempo?

Los introyectos no son más que la hueste autorizada por el gran arquetipo del vampiro para hackear nuestras mentes. Los kabbalistas no dudarían en reconocer a las envolturas, la escoria de la humanidad que rodea los estratos inferiores del plano etérico que es su sustrato vital. La doctora Hort sugiere:
Para comenzar, todo predador acosa a los miembros débiles del grupo, y debemos considerar que cuando proyectamos una porción de nuestra fuerza en un tercero, esta acción nos deja vulnerables. Más aun, los más letales predadores son aquellos que se convierten en atractivos para sus presas, representando el papel del arquetipo del compañero perfecto. Finalmente, el predador habrá logrado el mayor daño cuando la víctima haya suprimido sus defensas, admitiéndole en el santuario interno de su psiquis. 
Por lo tanto, un vampiro psíquico no tiene más que detectar la búsqueda ferviente que hace una potencial víctima de la pareja ideal, de manera de proyectarse como tal. Una vez que ha descubierto ese anhelo desesperado, el predador podrá fácilmente metamorfosearse en la clase de persona que cumplen con los criterios. Y esa transformación es sencilla para los vampiros, tanto psíquicos como míticos, dado que poseen un agudo sentido depredador y un talento para rápidamente readaptar su apariencia.
¿Cómo desactivar al vampiro? Antes que nada debemos realizar el duro camino de la instrospección y analizar con objetividad la presencia del vampiro en nuestra psiquis, ya que difícilmente podremos ganar dos batallas simultáneas con semejante enemigo. Luego comenzará la preparación para el enfrentamiento externo: se tratará de la punitiva gesta del discernimiento en donde tristemente podremos reconocer los afilados colmillos en las caras más familiares.

La realidad como un tablero inclinado

Nos alejaremos un tanto de la componente hiperdimensional para presentar la posición de las piezas en el tablero de la psiquis; luego intentaremos ofrecer una vista más amplia pero quizá no tan académica, que nos brinde una pista para no perdernos en el laberinto del trabajo interior.

La doctora Martha Stout, psicóloga con especialidad en traumas, ofrece en su libro The Myth of Sanity (El Mito de la Cordura) varias anécdotas sobre sus pacientes con trastorno de identidad disociativo; hemos analizado este asunto anteriormente desde la interesante perspectiva de la interferencia exógena como la presentada por la psiquiatra Shakuntala Modi. Sin embargo, no profundizamos en este proceso que dispara la fragmentación de la psiquis.

La doctora Stout denomina como estados del ego disociado a una formación de la personalidad o constelación de rasgos psicológicos y patrones de conducta cuya existencia es generalmente desconocida por el individuo consciente (esta definición que calza ajustada a las gafas académicas puede alternarse con un mínimo de esfuerzo intelectual con la definición más orgánica de introyecto propuesto por la psicóloga Elan Golomb). Un ego disociado o introyecto puede anunciar su presencia con un nombre propio o etiquetarse entre ellos como "el enojado," "el triste" o "alguien con un mensaje;" sin embargo, no todos los egos o introyectos parecen reconocerse entre ellos y en general compiten por expresarse a través del anfitrión.

Algunos datos de color para el ojo entrenado: los egos disociados comentan que han acudido a una solicitud por parte del individuo; es decir, que han sido invitados durante un evento traumático en que el individuo (ego observador o consciencia anfitrión) se vio en una situación insoportable de dolor o violencia, generalmente durante su niñez. Cuanto mayor la intensidad del trauma, mayor la interferencia y la frecuencia con que retiene el control por parte de los egos disociados, generando episodios de amnesia o tiempo perdido para el individuo. Asimismo, la irrupción de un ego disociado produce cambios dramáticos en el patrón discursivo, tipo de voz y expresiones faciales; en algunos casos, estos cambios involucran drásticos cambios de apariencia o postura, o la capacidad de realizar actos físicos desmesurados. (1)

Durante los episodios traumáticos de la niñez, las fases de olvido o fuga fueron efectivamente buscados como un mecanismo para sobrevivir psicológicamente a la situación de abuso; pero al parecer, esta evasión de la realidad continúa durante la vida adulta al ser detonada cuando alguna de las situaciones emocionales es percibida, incluso si es detectada de manera equivocada; en los casos extremos los egos disociados toman control del ego observador, suplantando su patrón de conducta: este tipo de paciente se denomina switcher por su tendencia a desconectarse intermitentemente de la realidad. Sin embargo, los casos más comunes son los de disociación parcial:
  • reactividad disociativa, donde el ego observador se ausenta esporádicamente ante la sensación de un evento traumático; el alter ego que lo reemplaza tiende a ser reactivo o violento;
  • disociación sentimental, cuando se enfrenta una situación traumática que dispara un escudo psicológico, como una callosidad que impide el apercibimiento de sentimientos; en general no hay alter egos, sólo se manifiesta una sensación de vacío emocional;
  • semifuga: semejante a los estados descritos por la doctora Golomb como niebla emocional, donde una ristra de pensamientos negativos parece colarse en la mente; en estos casos los alter egos se fusionan con los patrones normales de conducta, la consciencia anfitrión notará que su humor se altera profundamente y se contagia de frustración e incomodidad para el trato social.
La doctora Stout concluye en que un sobreviviente de eventos traumáticos es ciertamente una víctima, pero no se reconoce como tal; por ello, el primer paso para la recuperación consiste en redescubrirse como una víctima, y entonces tomar la responsabilidad para dejar de serlo. Para reencausar esotéricamente este escenario, debemos invitar a otro doctor de la mente del que hemos hablado reiteradamente: Kazimierz Dabrowski y su teoría del desarrollo emocional:
De acuerdo con la teoría, no se pueden alcanzar niveles superiores de desarrollo sin la desintegración de las estructuras mentales inferiores; estas estructuras inferiores tienden a ser reactivas, automáticas e instintivas; mientras que las estructuras superiores son cada vez más autónomas y conscientes. En niveles inferiores, especialmente la psicopatía, el intelecto simplemente es un instrumento en la búsqueda y satisfacción de los impulsos primitivos; a niveles superiores esta es influenciada por la empatía y una jerarquía de valores. La voluntad o consciencia progresa de una determinación biológica/ambiental a algo superior y dirigida por uno mismo.
De la mano de esta teoría presentaremos los conceptos del doctor George K. Simon, autor del libro In Sheep Clothing (En Piel de Cordero) que describe cómo hacer frente con las personas manipuladoras; Simon presenta un tablero donde dos colores de piezas se enfrentan: las agresivas que abiertamente se enfrentan ante cualquier conflicto potencial y las sumisas que asiduamente se retiran de cualquier situación de potencial conflicto. Análogamente a esta clasificación, existe otra escala de opuestos que respondería al dilema ¿es mejor pedir perdón que pedir permiso?:
Los agresivos encubiertos son por lo general muy buenos en sus maneras de tomarnos el pelo sin necesidad en que uno se lo facilite. Como se ha mencionado reiteradas veces, nuestras nociones tradicionales sobre la naturaleza humana nos dejan expuestos a la manipulación y explotación. Una de estas nociones desviadas es la creencia de que todo el mundo es [psicológicamente] parecido al resto.

Este concepto erróneo es común debido a la influencia de las teorías tradicionales sobre la neurosis y la premisa que sostienen que todos somos en algún grado neuróticos. Es entonces extremadamente importante recordar que
los individuos con trastorno de carácter son muy diferentes de los demás: no actúan de la misma forma, y como los años de investigación han confirmado, tampoco piensan de la misma forma.

Las personalidades agresivas también difieren en otros pormenores: no comparten la visión de la realidad o el código de conducta de respeto por el prójimo. Tampoco son influenciados o motivados por las mismas cosas; en efecto,
mucho de lo que se nos ha enseñado sobre las personas simplemente no se aplica a las personalidades agresivas.
Marcos aprovechándose de su hermana en Nueve Reinas:
- Dame tu palabra de honor, siempre fue tu punto débil.
El doctor Simon enumera dos clases de personalidades: las neuróticas, donde la consciencia acentuada provoca ansiedad originada por el conflicto interno entre sus pulsos instintivos y su remordimiento consciente, y las personalidades con trastorno de carácter: aquellas que carecen de dominio de sí mismo; en las que no hay otra preocupación que la satisfacción de las necesidades propias; es decir, aquellas que carecen de consciencia.

¿Es posible obtener algo en claro? Quienes recuerden la dicotomía de las orientaciones, observarán un claro patrón entre las dos clases de personalidades. Más aun, si añadimos la componente exógena del sistema de control hiperdimensional el big picture del tablero inclinado comienza a hacerse claro: la componente exógena interfiere a las personalidades con consciencia pero premia a las desalmadas (y nunca mejor usada la palabra si recordamos el concepto de
portales orgánicos).

¿Y existirá un beneficio después de todo? Seguramente; la consciencia que encarne en una familia narcisista tiene la difícil tarea de transducir situaciones detrimentales en positivas; si logramos clarificar la situación desde una perspectiva espiritual, lo que veremos es una entidad con altas tendencias altruistas, que busca encarnar en una misión de servicio al prójimo, pero que también posee una ceguera hacia su propia integridad o defensa; y ha venido a aprender justamente eso: no sólo a defenderse sino también a dejar de elegir situaciones que lo pongan en seria desventaja frente a los demás, pues claramente el fin no justifica los medios. Durante este aprendizaje, su verdadera misión probablemente sea la de lograr el balance a través de la impecabilidad.

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Introyectos: limitaciones impuestas en familias narcisistas

Hemos hablado sobre las orquestaciones familiares cuando citamos la posibilidad de que procesos de abducción rodeen la infancia de los individuos con capacidad de despertar a otros (conocidos como Wanderers). También hemos citado en varias ocasiones la posibilidad de parásitos etéricos: entes exógenos que aprovechan las úlceras emocionales (samskaras en palabras del doctor Samuel Sagan) como fuente alimenticia. En este artículo, que quizá pueda engendrar ciertos sentimientos encontrados, hornearemos todos estos ingredientes mediante el Fuego Secreto.

La perspectiva que ofrecemos frente a la imagen parental detrimental está bastante alejada del Antiguo Testamento (Éxodo 20:12): "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da,"(1) y coincide plenamente con el Nuevo Testamento (Mateo 10, 34): "He venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí." En este sentido, Aristóteles coincidiría con las lapidarias palabras de Jesús y nos diría que "Platón es mi amigo, pero más amigo soy de la Verdad."

Los excelentes escritos sobre Narcisismo: Trapped in the Mirror de la psicóloga Elan Golomb y The Narcissistic Family (La Familia Narcisista) del psicólogo Robert Pressman y la asistente social Stephanie Pressman, coinciden en que detectar las actitudes parentales detrimentales o enfermizas es el primer paso en la liberación de la psiquis de los hijos.

Marshall como el introyecto de Mr. Brooks:
inicitándole a cometer crímenes para
 alimentarse de su caldo emotivo
¿Pero liberación de qué? La doctora Golomb ofrece el término introyectos (introjects) como las alimañas exógenas que hacen nido en la psiquis del niño maltratado; esta idea sobre entidades exógenas que no pueden ser asimiladas por la personalidad consciente coincide plenamente con la idea de los parásitos etéricos. Golomb plantea numerosos casos de pacientes que acuden a terapia con el fin de deshacerse de estas entidades parasitarias o programas de alta carga tanática que le impiden desarrollar al individuo una vida plena, debido a que los introyectos atentan activamente contra la liberación de las conductas negativas y/o adictivas:
Cuando los padres brindan su amor de manera condicional, esto hace que los niños sostengan un anhelo por el amor parental que termina creando una fuerza invisible. La necesidad de amor hace que tengamos que aprender a cubrir las necesidades de nuestros padres. Coloca a la figura parental en nuestra psiquis como una autoridad que rige los estándares de conducta y sólo concede su amor como una gratificación por hacer aquello que el introyecto considera como válido [...]
Cuando una persona que sufre de un poderoso introyecto negativo se enamora, la persona amada es considerada como una parte del propio ser. Al enamorarse, existe una fusión de los límites del ego y la sensación de la propia identidad. Esto trae dentro del juego la agresión del introyecto, que comienza a criticar e intentar reformar al ser amado, que ahora se transforma en blanco del propio odio a sí mismo.
Si analizamos desde la óptica ufológica es fácil comparar los implantes psíquicos ligados a limitación con estos introyectos negativos. Notemos que la víctima no intenta luchar contra estas detrimentales entidades porque ha aprendido a ser sumiso frente a ellas, relacionándolas desde muy joven con la imagen parental: la presencia de un regidor exógeno dentro de la propia psiquis. Estos introyectos parecen ser los ocultos mecanismos que fomentan la continua aparición de sincronismos negativos y que culminan desencadenando las emociones negativas (loosh), es decir, su preciado botín de guerra (y alimento).

Esta idea se ve reforzada en el libro The Narcissistic Family donde se expone el punto de vista emergente de las familias disfuncionales narcisistas:
[...] las necesidades de los padres toman precedencia sobre las necesidades de sus hijos. Tal es así que la responsabilidad por cubrir las necesidades emocionales se trasladan de los padres a los hijos [...] En las familias narcisistas los niños son manipulados para satisfacer las necesidades de los padres. [...]
Colocar límites es un asunto complicado para los que sobreviven a un infancia abusiva. Los adultos provenientes de familias narcisistas frecuentemente desconocen que pueden decir no, es decir, que tienen el derecho de limitar lo que harán por otros, y que no tienen necesidad de estar disponibles física o emocionalmente para todos en cualquier momento.
Dentro de sus familias originales, tal vez no tuvieran el derecho de decir no, o de discriminar entre pedidos razonables y los abusivos. Los niños de padres narcisistas no aprenden a establecer límites, sencillamente porque a los padres no les conviene que lo sepan: ¡si lo supiesen podrían fijarles límites a ellos!
La única forma de disolver este círculo vicioso es ponderar objetivamente las conductas parentales, reconociendo sus tendencias narcisistas y lo detrimentales que han sido para sus descendientes llevar una vida satisfactoria (recordemos que cuanto mayor el balance alcanzado, menores los aportes de loosh); esto puede ser una valla insondable si no se ha madurado emocionalmente, logrando una basamental y robusta identidad propia; parafraseando a Aristóteles: ama a tus padres pero ama aun más a la Verdad (en estas ocasiones, suele ser útil intercambiar el verbo amar por conocer).

El ojo entrenado comprenderá el enorme riesgo que encierra para los individuos con capacidad de despertar a otros el haber crecido con padres que consideraban a sus hijos como sus meras extensiones psicológicas, o siendo cínicos: cuando los padres anteponen sus deseos sobre las necesidades de sus hijos; los doctores Golomb y Pressman coinciden:
Los niños de padres narcisistas temen conocerse a sí mismos, particularmente cuando lo que encuentran en su interior es ira y humillación.

En realidad, estos individuos no son criados para conocerse a sí mismos. Son criados para conocer a otros, para ser capaces de predecir lo que los otros esperan de ellos, y lograr satisfacer (o fallar en satisfacer) esa necesidad implícita o explícita. Por lo tanto, ellos intentarán posibilidades para los que no están convenientemente adaptados.
A la edad en que otros niños o jóvenes están intentando y evaluando conductas y posibilidades, equivocándose y aprendiendo cómo es que funciona el mundo, estos niños se están ocupando en satisfacer las necesidades emocionales de sus padres.
En pocas palabras, si uno evita conocerse a sí mismo, toda posibilidad creativa o evolutiva se ve cercenada, y por lo tanto se queda atrapado en el ciclo de encarnaciones de tercera densidad.

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